El poder de compartir semillas

Me entusiasma un ritual que estoy empezando a llamar “Compartir semillas”.

Se trata de una práctica sencilla pero profunda, pensada para un grupo de amigos que intentan dar sentido al mundo. No sólo sobre un tema concreto, sino sobre la vida, el universo y todo lo demás.

La esencia de este ritual es compartir semillas: pepitas de información, experiencias o ideas que pueden parecer abstractas o concretas, personales o universales. Una semilla puede ser un tema recurrente en el mundo o una idea que ha ido ganando adeptos. Puede ser tan abstracta como el concepto de «Web 3.0», tan tangible como un lugar como Atlanta (Georgia) o tan específica como un floreciente estudio de diseño de moda o la aplicación DeScript. Estas semillas son las partes del mundo que crees que hay que compartir, que tienen relevancia o importancia y que contienen energía.

La belleza del ritual de compartir semillas es que se nutre de la diversidad. Cada participante aporta sus propias semillas de su semana, sus experiencias, sus observaciones. Al reunir y compartir estas semillas, no sólo nos beneficiamos de nuestras propias perspectivas, sino de la inteligencia colectiva del grupo. Es como tener varios ojos, oídos y corazones sobre el terreno. Es una forma emergente de captar el zeitgeist “el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)” , el espíritu de la época, que nos permite tomar decisiones más informadas.

Y si, por ejemplo, la mitad del grupo trae la misma semilla -tal vez algo como RFK- al ritual, puede indicar que hay algo particularmente potente o significativo en esa semilla, que está resonando con los tiempos.

Este ritual no consiste sólo en compartir, sino en escuchar y aprender de pensadores independientes, personas que aportan experiencias diversas desde sus trayectorias vitales únicas. El objetivo no es hacerse eco unos de otros, sino aportarse valor mutuamente, mejorar la comprensión del mundo.

Me gusta pensar en esta práctica como una forma de plantar y alimentar una futura Edad de Oro. Cada uno de nosotros está cuidando un jardín metafórico, sembrando las semillas de las ideas que pueden florecer colectivamente en una comprensión más completa de nuestra realidad compartida.

No pretendo que sea una idea novedosa, es sólo un nuevo nombre para una práctica milenaria. En tiempos de Benjamin Franklin, existían los círculos, donde los líderes de la comunidad se reunían y compartían lo que observaban. El intercambio de semillas está en esa misma línea, es una herramienta para fomentar el liderazgo a través de la sabiduría compartida. Se trata de encontrar y comprometerse con personas de confianza y respeto, dispuestas a participar en este descubrimiento compartido.

Dicho todo esto, no se trata sólo de compartir semillas, sino de crecer juntos.

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